Contra el enfado

Una mente atenta y abierta contra el enfado

Sabemos que las emociones influyen contundentemente en la salud de las personas. Una mente saludable es capaz de gestionar adecuadamente las emociones. Sin una mente atenta nuestra salud puede desestabilizarse.


 Las medicinas tradicionales orientales y las medicinas naturales han tenido siempre en cuenta el factor emocional.

Dr. Edward Bach pudo comprobar cómo los enfermos infecciosos mejoraban cuando sus emociones se estabilizaban y cómo éstos empeoraban si estas se desequilibraban. Factores como el miedo hacían que el sistema inmunitario quedara afectado y las defensas del individuo no fueran capaces de defenderse delante de la infección.

 ¿Cuáles son los estados mentales que pueden causar desequilibrio emocional?

La primera gran causa del desequilibrio es la ignorancia. En el Yoga la llamamos Avidya. Ella no me permite ver la auténtica verdad de mi mismo y respecto a los demás. La mente ilusoria no permite que vea cuál es el origen de mi sufrimiento.

El origen puede ser Raga, el apego a cosas, personas o circunstancias que conozco, que me gustan y que no quiero que cambien. O Dvesha, el odio, el rechazo de cosas, personas o circunstancias, que no puedo aceptar en mi vida. O Abhinivesa, el miedo a perder lo que me gusta, o el miedo a que pasasen las cosas que no me gustan, o el miedo a la muerte. Y también Asmita, el ego, el orgullo, nos hace interpretar mal lo que ocurre en nuestra vida. Todo esto crea emociones negativas que nos afectan hasta a nuestro nivel físico.

El equilibrio emocional proporciona un buen funcionamiento en todos los campos de nuestra salud en todos los sistemas. Un desequilibrio supone que unos y otros se ven afectados. La causa raíz está en la mente.

¿Qué debemos hacer entonces?

Mindfulness, atención plena. Mindfulness es una cualidad de la mente o más bien la capacidad intrínseca de la mente de estar presente y consciente en el momento presente. Se entrena esta capacidad en la meditación, el  estar presente y consciente en cada momento de nuestra vida;  acoger cualquier cosa que surja en nuestra experiencia, amorosamente y sin juicio;  abrir el corazón para hacernos amigos de nosotros mismos y permitir que surja la empatía por los demás. Nos hace ver en que sectores de la vida se desestabilizan las emociones. Sin rechazarlas, debemos ser conscientes de ellas y sin juzgarlas ni resistirnos a ellas debemos ser capaces de afrontarlas.

La mente cuando se altera, se alteran los órganos y las funciones, no hay separación entre la mente y el cuerpo y por eso es importante estar atento a cómo está mi mente, mis pensamientos, y hacia donde se mueven.

Así por ejemplo contra el enfado, podemos analizar cómo utilizar la paciencia y la tolerancia, la empatía hacia los demás y hacia nosotros mismos. ¿No será que estaré yo enfadado conmigo mismo y lo proyecto hacia los demás siendo intolerante y poco paciente? ¿Cómo aplico la compasión hacia mí mismo? ¿Soy demasiado autoexigente y no me permito lo más mínimo que pueda aportarme felicidad y placer? Deberé ser más tolerante conmigo mismo y así estaré más alegre y contento.

Si tenemos duda u orgullo, podemos buscar la certeza y practicar la humildad. Si es el deseo el que se desequilibra podemos entrenar el desapego. Buscando la sabiduría podemos entender mejor las causas que nos producen sufrimiento.

Para equilibrar el estado emocional hay que practicar Mindfulness: calmar la mente y conocer las emociones sintiendo y observando, sin juzgar, con mente de aprendiz y dejando espacio para que se puedan manifestar y curar. Respirar sencillamente, dejar que la energía vital se equilibre respirando.

Cuando la mente entra en cólera o ira y el enfado empieza a hacerse dueño de nosotros, respiramos, y buscamos en la mente qué ha causado el enfado y somos tolerantes y pacientes…. Seguimos respirando una y otra vez hasta que las emociones se hayan calmado.

De esa manera nos volvemos dueños de nuestra mente y de nuestra salud, porque podemos estar atentos cada segundo a cómo perdemos o ganamos el equilibrio, con una mente abierta y flexible. La ecuanimidad y la compasión hacia uno mismo y hacia los demás contribuye a que todos restablezcan la salud en armonía y amor, deseando la felicidad y sus causas para todos.Martina, directora del Centro Tara Pollensa, inspirada por J. M. Gasset