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¡Relájate, por favor! ¡Pero … carramba, si fuera tan fácil!!
La relajación como remedio para prevenir y combatir trastornos de salud
¡Sólo tienes que relajarte! Es el consejo más frecuente que nos dan los amigos, los compañeros de trabajo, la pareja, etc. e incluso nosotros mismos cuando por la noche no podemos dormir.
Pero no es tan sencillo como parece. ¿De qué manera me relajo mejor? ¿Cómo me relajo de verdad?También podemos tener un miedo sutil ante la relajación. La relajación puede conllevar vulnerabilidad, pérdida de control, o el fracaso si nos damos cuenta que realmente no lo conseguimos relajarnos. Pero es muy necesario relajarse para estar bien.
El problema de la tensión:
Cualquier actividad sea física o mental produce una tensión en el cuerpo. Es una forma del cuerpo de reaccionar frente a una crisis. En momentos críticos hay que actuar con rapidez y energía. Una vez superada la crisis deberíamos volver a aflojar y regresar a un estado de relajación. Cuando eso no sucede la activación fisiológica se vuelve tensión crónica que conlleva muchos efectos negativos para la persona: Tensión crónica es un gasto de energía enorme y cada vez mayor. La persona tensa se siente cada vez más fatigada. Aumenta la posibilidad de enfermarse: p.e. la tensión de los músculos del cuello conduce al dolor de cabeza. La tensión de los músculos de la espalda se convierte en lumbalgia. Un estómago con tensión da lugar a una úlcera o un síndrome de irritación intestinal. El intestino tenso conlleva estreñimiento o diarrea. Un corazón demasiado acelerado puede desembocar en hipertensión o trastornos cardíacos. Tensión emocional por temores y preocupaciones da lugar a la ansiedad crónica. Una persona muy fatigada por la tensión pierde el sentido de la vida y puede caer en depresión. La tensión crónica también acelera el proceso de envejecimiento, porque utilizamos nuestros recursos vitales con más rapidez, y sin relajación no podemos reponerlos. La tensión y el estrés debilitan el sistema imunitario lo que aumenta la posibilidad de coger infecciones o alergias. La constante sobreactivación del corazón y del sistema nervioso puede provocar apoplejías, ataques al corazón e infartos.
Además la tensión crónica nos debilita las capacidades mentales: La memoria es menos eficiente. La tensión bloquea el almacenamiento de información, o la percepción es más estrecha y desenfocada, que limita nuestra experiencia del mundo. Nos volvemos más rígidos y menos tolerantes. Eso limita nuestra capacidad de resolver problemas. La creatividad está bloqueada.
La tensión también influye en nuestras relaciones: Una persona tensa no puede escuchar a otra persona verdaderamente, ni comprender los pensamientos y sentimientos de los demás. Cuando se está tenso se tiende a estar irritable e impaciente.
La tensión tiene un efecto perjudicial sobre todas las dimensiones de nuestra vida. Destruye nuestra calidad de vida. ¡Por eso hay que relajarse!
Relajarse no es sólo quedarse quieto. En los años 20 del siglo pasado se investigó muy bien qué es la relajación. Se estableció una definición científica de la misma y describió sus efectos benéficos. Desde entonces la relajación consciente fue más y más investigada, se elaboraron nuevas técnicas y se reconoció también las técnicas antiguas de los maestros de meditación. Hoy en día los maestros espirituales y los científicos coinciden mucho en su evaluación de la relajación.
¿Qué técnica va bien para quién?
Generalmente podemos decir que hay dos grandes clases de técnicas de relajación, una trabaja con la concentración en el propio cuerpo, en la respiración o en un objeto, una palabra, etc. La otra trabaja con la creatividad de nuestra mente, con la visualización, la imaginación. Nos concentramos en imágenes agradables, relajantes que creamos con nuestra mente.
Cada persona debe mirar qué técnica le ayuda más a relajarse conscientemente, porque cada persona tiene sus preferencias y sus inconvenientes. Y cuando uno sabe con qué técnica quiere trabajar, hay que practicar y practicar. Cada día permitirse un retiro de 15 o 20 minutos en un lugar tranquilo, agradable, con luz tenue, el teléfono desconectado nos dará un aumento de salud y bienestar cada vez más notable.
Los efectos benéficos de la relajación se acumulan con el tiempo.
Cuando empezamos a practicar la relajación necesitamos paciencia porque como con cada actividad hay que entrenar un poco para tener resultados.
Al principio, lo primero que podemos conseguir es relajar los músculos. Tensión muscular es algo muy común por las malas posturas que mantenemos durante gran parte del día y por la noche por no tener el colchón adecuado, por sobreesfuerzo muscular o por falta de descanso.
Con la práctica constante podemos llegar a la relajación del sistema nervioso. Tensión en el sistema nervioso autónomo es más complicada. El sistema nervioso tiene dos ramas, el simpático y el parasimpático. El simpático prepara el cuerpo para responder automáticamente a estímulos, mientras el parasimpático prepara el cuerpo para el descanso. El simpático nos lleva a la acción y el parasimpático nos lleva al relax. La tensión a causa de estrés provoca un desequilibrio en las dos ramas que conlleva fatiga crónica, taquicardias, hipertensión, disfunciones orgánicas, p.e. diarrea nerviosa o estreñimiento, etc. Con la práctica de la relajación podemos prevenir o combatir todos los síntomas de estrés.
Si la relajación se vuelve costumbre llegaremos también al siguiente nivel de tensión: la tensión emocional: nos lleva a las emociones exesivamente negativas como el miedo, tristeza, cólera, disgusto, etc. que pueden llegar a dominar nuestra perspectiva de la vida y conducir a estados de depresión o de ansiedad crónica.
La costumbre de relajarse cada día nos da paz interior, más paciencia y tolerancia ante las adversidades de cada día y un estado de salud mucho más estable.
Con la práctica de la relajación también influimos en nuestro estado mental. Una mente tensa está dispersa, saltando de pensamiento en pensamiento, atrapada en preocupaciones superficiales y pensamientos obsesivos. Falta concentración, la percepción está reducida, nos sentimos despistados y sobrecargados mentalmente.
Con la práctica de la relajación aprendemos más y más controlar nuestra mente, domarla y cultivar más pensamientos positivos que nos ayudan a mantener en equilibrio nuestro estado emocional.
Al final la relajación también puede ayudarnos en el nivel espiritual. La tensión espiritual es más sutil. Se caracteriza por confusión acerca del sentido de la vida, por falta de contacto con lo sagrado, falta de autoconocimiento y provoca una sensación de aislamiento y vacío. Durante la práctica diaria de relajación conectamos con nosotros mismos, con nuestro interior, nos volvemos más conscientes de nuestras verdaderas necesidades y deseos, aumentamos la autoestima y el autoconocimiento, lo que nos ayuda a ser más felices.
Al principio cuesta arrancar, porque al relajarse parece que no hagamos nada, y para nada no tenemos tiempo. Por eso puede ir bien tomar unas clases en grupo o particulares, para tener el compromiso por lo menos una o dos veces a la semana. Así aprendemos lo básico que se necesita para una buena práctica y tenemos compañeros en el camino con quien compartir las experiencias, dudas y éxitos. Al principio es más fácil concentrarse y relajarse en una sesión guiada que totalmente solo.
Los efectos de la relajación se acumulan con el tiempo y la práctica regular, y cada vez influyen en más dimensiones del cuerpo, la mente y el espíritu.
¡Vale la pena probarlo!!
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