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Creamos caminos andando

 

¿Cómo funciona el desarrollo personal? ¿Es posible mejorar el carácter y cambiar costumbres?

 

El ritmo y la complexidad de la vida moderna nos pueden derrotar o agobiar facilmente. A veces nos sentimos como robots, haciendo, haciendo, y nos preguntamos por el sentido de todo eso. ¿Qué hacemos con nuestra vida? ¿Es eso todo lo que podemos esperar? Nos sentimos atrapados en nuestras propias costumbres y automatismos de actuar, pensar y sentir. Y nos parece muy difícil cambiar algo, aunque sentimos que sería importante para ser más felices, mejorar de salud y tener más éxito.

Si realmente queremos crecer como personas, desarrollar nuestro potencial, cambiar hábitos que nos impiden ser felices, etc. tenemos que emprender el camino de la conciencia plena. Las técnicas de relajación y la meditación nos son de gran ayuda en este camino. Para entender eso mejor, voy a explicar un poco como funcionamos.

Nuestro cerebro es realmente una maravilla

Es la estructura viva más compleja del cuerpo humano, posee más de 30.000 millones de neuronas (así se llama las células del cerebro y del sistema nervioso), y cada una de ellas está conectada con 10.000 neuronas, formando casi 100 trillones de interconexiones en serie y paralelo que permiten  su funcionamiento. Últimamente se ha investigado mucho el cerebro humano con resultados muy interesantes.  El cerebro humano se ha desarrollado durante miles de años, impulsado siempre por las circunstancias en las que vivían los hombres.

Con todo lo que aprendemos, sobre todo en la infancia, nuestro cerebro crea las conexiones entre las neuronas. Cada actividad física o de pensar y sentir deja sus huellas y se forman vías neuronales. Lo que hacemos muchas veces crea caminos más anchas hasta autopistas neuronales para las costumbres.

El sistema límbico – el cerebro instintivo

El cerebro tiene diferentes partes y cada una es responsable de determinados funciones. La parte que está responsable de las emociones, el sistema límbico, es la parte más antigua del cerebro. Dentro del sistema límbico se halla una acumulación de neuronas, que se llama  "amígdala", que funciona como un sistema de vigilancia, que nos protege contra cualquier peligro y que suele reaccionar muy rápido. En tiempos de peligros mortales frecuentes nos ayudaba y rescataba muy bien. Podemos llamarla nuestro cerebro instintivo.

Pero nuestro mundo ha cambiado mucho. Hoy en día los conflictos, las amenazas muchas veces son simbólicos y no realmente existenciales. Lo que vemos amenazado no es nuestra vida sino nuestra dignidad, nuestro orgullo o nuestro estado social. Nuestro cerebro pensante, el neocortex, que es la parte más moderna del cerebro, sabe diferenciar entre un peligro mortal y uno simbólico, pero la amígdala reacciona siempre a cualquier amenaza como si fuera mortal.

El ataque del cerebro instintivo

Podemos imaginarnos este proceso así: el cerebro es estimulado por algún impulso, digamos un ruido raro por la noche. La amígdala revisa todas las experiencias emocionales del pasado y compara con el impulso presente. Si encuentra una experiencia que espanta, humillante o amenazante, activa sus instintos ancestrales de supervivencia: ¡Ataca o corre por tu vida! El cerebro instintivo no es muy preciso y  no distingue bien. Y por eso la amígdala, altamente sensible, puede interpretar el ruido como ladrones que fracturan para robar, cuando realmente es el viento en los árboles. El neocortex, el cerebro pensante, sabe distinguir perfectamente pero es más lento que la amígdala en reaccionar, y por eso vivimos ya el ataque de nervios cuando nos damos cuenta que no fue para tanto.

Para encadenar un ataque emocional, normalmente hay un impulso inicial: una pelea, alguien nos trata sin respeto, nos vemos criticados, etc. nos sentimos amenazados de alguna forma.

Hay una reacción física inmediata: el corazón bate más fuerte, las manos se vuelven húmedas, sentimos un nudo en la garganta o en el estómago, no podemos pensar claramente. El cerebro ha segregado hormonas de estrés.

Paralelamente sentimos emociones fuertes como rabia, temor o entumecimiento o paralización. Nos enfadamos, sentimos vergüenza fuerte o el susto nos paraliza.

Y al final reaccionamos en microsegundos, sin pensar, explotamos , decimos palabras muy hirientes, tiramos algo al suelo… o nos retiramos a nuestro interior, nos mordemos la lengua, perdemos toda concentración, nos machacamos con autocrítica …

Durante un ataque de la amígdala nuestras emociones son tan fuertes y nuestra perspectiva es tan cerrada que hay poca posibilidad para entender otra opinión o para reaccionar razonablemente.

Desconectemos el autopiloto

Volvamos a los caminos neuronales en nuestro cerebro:

No nos gusta mucho la imagen de vivir nuestra vida a través del autopiloto, pero realmente son muchas las acciones que están influenciadas por costumbres. Todo lo que aprendemos y hacemos es la consecuencia de la activación de neuronas que conectan entre ellas. Costumbres son caminos en el cerebro frecuentemente usados. P.e. un deportista se vuelve un experto en su disciplina por el constante entreno. La información corre con más velocidad por caminos anchos, y por eso él brilla en su deporte.   Estos caminos o autopistas neuronales creamos constantemente y nos ayudan a manejar los muchos asuntos de cada día.

Pero también creamos costumbres que no son útiles, como por ejemplo morder las uñas. Empieza como una reacción a la tensión nerviosa. Cuando estamos nerviosos mordemos las uñas, y eso se vuelve costumbre. Creamos un camino ancho y sin darnos cuenta siempre volvemos a hacer lo mismo, aunque no lo queramos.

Nuestro estado de ánimo o emocional se ve igualmente afectado por costumbres. Cada uno de nosotros tiene sus costumbres emocionales, ha creado caminos en el cerebro para las emociones, pensamientos, sentimientos y acciones. Con la repetición estos caminos se vuelven más anchos. En situaciones de algún tipo de estrés (puede ser prisa, puede ser un insulto, un susto, etc.) la amígdala controla nuestras emociones, es más rápida en reaccionar que nuestro cerebro pensante. La red neuronal más desarrollada toma el control, y otra vez explotamos gritando aunque no lo queríamos hacer nunca más.

¡Creemos nuevos caminos neuronales a través de detenernos, respirar y observar!

Pero la buena noticia es que podemos aprender a controlar más los ataques emocionales, podemos cambiar nuestras costumbres. Para conseguir eso tenemos que dejar de practicar la mala costumbre y empezar a practicar  una nueva. Entonces el camino ancho de reacción antigua se vuelve más estrecho y el nuevo camino poco a poco más ancho. Al principio cuesta porque el nuevo camino no está aún y el viejo funciona muy bien y automáticamente.

Por eso el primer paso es reconocer que estamos reaccionando por costumbre y entonces detenernos, observar y respirar profundamente. De esa manera interrumpimos el flujo automático de información neuronal. Resistimos a nuestros reflejos (las costumbres más antiguas y más arraigadas) y practicamos la nueva reacción de respirar y quedarse tranquilo –el camino de la conciencia plena– entonces el cerebro empieza a construir nuevos caminos, nuevas conexiones neuronales.

Si nos detenemos respirando, el cerebro pensante tiene suficiente tiempo para reaccionar y dar sus impulsos y el ataque de amígdala está frenado o evitado.

La relajación y la meditación son los mejores psicofármacos sin efectos secundarios

Los humanos siempre estamos buscando remedios para controlar mejor nuestras emociones negativas como los miedos, la vergüenza, la culpabilidad, la tristeza, etc. Nunca se ha consumido tantos fármacos y drogas ilegales para eso como hoy en día. Pero hay una alternativa: la práctica de la relajación profunda y la meditación.

Los últimos estudios sobre el efecto que tiene la meditación sobre el cerebro lo demuestran. Los practicantes de meditación o relajación profunda sienten más tranquilidad, mejor concentración y más creatividad.

Los científicos podían comprobar que las funciones cerebrales se mejoran y equilibran con la práctica de la meditación.  La sensación de mejor vigilia, más control y más tranquilidad no es una ilusión en los practicantes. Sino el cerebro realmente cambia con la práctica regular de la meditación. La región cerebral que controla  el cerebro instintivo, y que produce sentimientos agradables se fortalece con la práctica. Nos volvemos más conscientes y menos instintivos.

Las etapas del cambio de una costumbre emocional

Para cambiar nuestra manera de ser, de sentir, pensar y actuar necesitamos perseverancia. El cambio tiene 5 etapas:

1.El deseo de cambiar

 nos volvemos conscientes de nuestras costumbres emocionales y sentimos el deseo intenso de crear una forma de reacción más adecuada.

2.Profundizar el autoconocimiento: nos observamos más, nos volvemos más concientes de nuestra manera de reaccionar, de pensar y de sentir. Desarrollamos más y más conciencia.

3.Notamos un primer mejoramiento: ya podemos reaccionar de la nueva forma, pero muchas veces recaemos en patrones antiguos. Ahora necesitamos mucha perseverancia para construir los nuevos caminos en el cerebro.

4. Afinamos: en esta etapa ya dominamos bastante los nuevos patrones. Cada vez reconocemos más rápidamente los pensamientos destructivos y los patrones antiguos y sabemos frenarlos.

5. Vivimos las nuevas costumbres: en esta etapa nuestro nuevo comportamiento se ha vuelto reacción estándar. También en situaciones de mucha presión o estrés somos capaces de controlarnos y reaccionar con razón y calma. Es muy poco probable recaer en los viejos patrones.